“Quisiera saber mi vocación”

expectativas-hijos-vidassexuadas“Quisiera saber mi vocación, soltera,casada, viuda, monja, enamorada…” Así cantábamos en los recreos del colegio mientras saltábamos a la comba. En aquel entonces era lo que se estilaba, saltar a la comba (y jugar a las palmas). Y en esta canción parecía ya entonces tan obvio y fácil el camino… Las canciones infantiles no son inócuas, son parte de la socialización diferencial (en función del sexo). Había alguna más de este tipo: “Al pasar la barca me dijo el barquero las niñas bonitas no pagan dinero…” y “El capitán de un barco inglés en cada puerto tiene una mujer, la rubia es sensacional y la morena tan poco está mal …”. Pueden parecer canciones del año catapún, pero eran “hits” a finales de los 80’s y principios de los 90’s en mi colegio, uno público del norte de España. Pero quiero dedicarme a la primera canción, la que habla de la “vocación”. Podríamos preguntarnos ¿Hasta qué punto las vocaciones (no las religiosas, sino las de qué ser en la vida) son independientes de los roles que vamos aprendiendo y de las expectativas ajenas?.

Las expectativas sobre qué va a ser cada niño y niña de “mayor” marcan desde bien temprana edad. Para empezar, la primera expectativa es la de ser niña o niño, quiero decir, una vez que mirados los genitales la medicina dice “es niño” o “es niña”, toda la orquesta socializadora-educativa va encaminada a que eso se cumpla, premiando aquellas conductas y emociones que se consideran adecuadas de un sexo y reprimiendo las que no lo son. Como todo mecanismo enculturizador, las expectativas son por un lado cultivadoras de nuestra “semilla original” y por otro lado “podan” lo que nos sobra para entrar en ciertos cánones. Esto es porque las expectativas dependen de las normas, prejuicios, estereotipos.. y modas sociales-culturales-religiosas sobre los modos de ser hombre y mujer.

Decía Simone de Beauvoir que “la mujer no nace, se hace”, lo mismo podemos decir en el caso del hombre. Y nos hacemos, nos desarrollamos, nos sexuamos tirando más hacia un polo (masculino o femenino) que hacia otro. ¿Cuánto de la identidad femenina se construye en función de la masculina? ¿Cuánto de la identidad masculina se construye en función de la femenina y viceversa?. No solo nos definimos por lo que somos, sino también por lo que no somos: soy mujer, no soy hombre. La construcción de la identidad pasa por el reconocimiento del otro, del diferente, del que “no soy” y así poco a poco nos vamos diferenciando de un sexo y asemenjándonos a otro.

Si volvemos a las vocaciones de aquella canción de  comba: ser soltera, casada, viuda, monja o enamorada, las cinco vocaciones se centraban en la relación con un hombre. La idea que estaba en el imaginario colectivo de las niñas que saltábamos a la comba y repetíamos la canción cada día, iba hacia los anhelos, sueños, deseos, proyecciones futuras sobre a qué dedicarse en la vida, enfocadas a la relación con alguien del sexo masculino… hasta la vocación de monja, no olvidemos, casada con Dios.

No recuerdo que hubiera una canción semejante dirigida a los niños. ¿Cuán diferente es el peso del amor erótico (de pareja) como meta, en la construcción de la identidad de uno y otro sexo?, ¿Cuánto tiempo mental ocupan las ensoñaciones y fantasías amorosas-eróticas y los rituales de cuidado físico para gustar al otro/a?, ¿Cuánto de vocacional había en esas opciones y cuánto de restricción de posibilidades?

Tras conocer a las hermanas clarisas de Lerma, en Burgos, el convento de clasusura con más vocaciones del mundo, novicias de 20 a 30 años, he quedado fascinada (entre otras cosas) por la idea de que se definen como “enamoradas de Jesús”, como explican en este vídeo “Las clarisas de Lerma, enamoradas de Jesús

Las monjas se “casan” con Dios porque le aman, y como dicen estas monjas, además de amarle (en un sentido amplio) están enamoradas de él.  La canción cobra otro sentido, puede que sobrara una coma…“Quisiera saber mi vocación, soltera, casada, viuda, monja-enamorada”, y me resulta incluso revolucionario. Parece que “Los caminos de Eros son inevitables” (jugando con aquello de “los caminos del Señor son inexcrutables). El deseo, la atracción, la seducción, el encuentro y el amor entre los seres sexuados son algo intrínsecamente humano. Aún cuando la erótica esté sublimada, redirigida hacia lo espiritual, parece que todos y todas buscamos lo mismo: atraer-seducir-unirnos-relacionarnos-amarnos con alguien, y las formas en que desarrollamos esos deseos y esas vivencias de la erótica y la amatoria son variadas, diferentes, únicas en cada cual. Yendo hacia el terreno de las sensaciones y los placeres, variados y diferentes para cada uno/a, dónde unos y unas vivimos orgasmos, otras quizás viven éxtasis místicos, como Santa Teresa de Ávila.

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