Reflexiones en torno al verbo SEXUAR(SE)

pier-lugi-escaplon-vidassexuadas ¿Qué es SEXUAR? ¿Es atribuir a los demás una determinada sexualidad o un determinado sexo?, ¿Significa lo mismo sexuar que sexar? ¿Significa lo mismo sexarse y sexuarse?. Sexarse es más bien identificarse-sentirse de un sexo femenino o masculino, mientras que Sexuarse es un proceso vital, y lo es en dos sentidos:

1) Porque es un valor propio y central de la vida de los seres humanos. Todas y todos somos sexuados, y todas y todos nos vivimos como tales. Una idea bien extendida es que somos seres sociales, inmersos en un entorno sociocultural vamos desarrollándonos, socializándonos como personas. Pero los seres humanos tienen un rasgo distintivo, y es que son seres sexuados. La socialización y la sexuación son procesos paralelos que comparten momentos, claves, agentes… El proceso de sexuación es paralelo al de socialización, podríamos decir que hay ciertos aspectos de la sexuación que forman parte de la socialización: aquellos que tienen que ver con lo social. De hecho, los agentes socializadores por excelencia (familia, iguales, escuela, mass media…) son también algunos de los principales agentes sexuantes. Otros agentes como genes y hormonas serían exclusivamente sexuantes y no socializadores.

2) Porque trascurre a lo largo de la vida, desde el comienzo del desarrollo embrionario (desde la fecundación) y continúa hasta la muerte. Este proceso es biográfico, forma parte de la evolución vital, por supuesto incluye aspectos sociales, psicológicos y biológicos, pero con un matiz: lo que verdaderamente importa es cómo la persona se ve, se siente, lo que importa es la biografía… en contínua creación.

¿Es el sexo masculino o femenino definitivo? La mayoría de las personas se sienten de un sexo toda su vida,  con épocas de mayor o menor satisfacción con como se es, mayor o menor identificación con ciertas características masculinas o femeninas. Nos sentimos de uno u otro sexo aunque no compartamos algunos roles, modelos, ideales… que se suelen atribuir socioculturalmente a nuestro sexo. Esto es tan cierto como que nadie se siente mujer u hombre de la misma manera que otra mujer u hombre.

El pensamiento popular considera que los bebés ya tienen sexo. “¿Qué es? ¿niño o niña?”. Uno de los hitos en nuestra biografía sexual es el momento de la asignación de sexo tras el nacimiento, asignación médica según se tengan unos genitales u otros. Esa atribución sexual o sexación marcará el comienzo de una larga cadena de actuaciones sociales que “buscan” confirmar y desarrollar un resultado sexuado: hombre o mujer… Padres, madres y todo el entorno piensan y tratan al bebé de manera diferencial según sea de uno u otro sexo. Ejemplos claros son: el uso de los colores y las ropas; los diminutivos y las descripciones que alaban unas características más que otras: “qué guapa es esta nena”, “qué grande es este nene”; también qué juguetes se ofrecen (o no se ofrecen) a uno y a otra; el refuerzo y el castigo diferencial de las conductas, por considerar ciertas conductas más o menos masculinas o femeninas (cosas de niños y cosas de niñas); las expectativas qué se tienen sobre su personalidad: mayor autonomía e indepencia en lo niños, mayor expresividad afectiva y social en las niñas…. Y suele ser el padre el que más diferenciación ejerce.

¿Nos sentiríamos de un sexo determinado si no viviéramos rodeados de agentes sexuantes que nos guían hacia un polo u otro?

En palabras del sexólogo Silberio Sáez Sesma “Nos vamos a encontrar con todo un comportamiento y una crianza diferenciales de los pàdres respecto al bebé. Un doble proyecto educativo que irá siendo captado paulatinamente por el niño/a, que comenzará a comportarse también de forma diferencial”. Dejamos para otra ocasión el debate sobre la naturaleza prenatal o postnatal de la identidad sexual.

Esta atribución de sexo no solo la hacemos con los bebés.Todas y todos sexamos a los demás, atribuyéndoles un determinado sexo, clasificándoles según los caracteres sexuales que percibimos e interpretamos, basándonos en los dos polos del sexo, masculino o femenino. ¿Alguna vez has pensado en alguien sin sexarle?

Parece inevitable situar al otro en uno de los dos polos, en función de cual parezca su sexo principal, y obviando su sexo accesorio (idea central de intersexualidad y continuo de los sexos)…y digo “parezca” porque el sexo que percibimos en otra persona, la exosexación, no siempre es el sexo que esa otra persona siente que es, su egosexación, y ahí nos situaríamos en la transexualidad.

Todas nuestras vivencias individuales y relacionales están sexuadas, están marcadas por el sexo (que somos). Y nuestros pensamientos, sentimientos, emociones y conductas. La dimensión sexual, el hecho sexual humano, es un fenómeno central y universal, que como Gregorio Marañón sugirió, parece que impregna toda nuestra vida. Somos sexo.

¿Por qué no aparece el verbo sexuar en el diccionario de la RAE, si indica un proceso humano vital? Para que una idea  exista, necesita de palabras que la nombren y la expliquen. Cuando las palabras ya existen aunque sea fuera de la RAE, solo falta perder el miedo y usarlas.

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