La fidelidad

pareja
-La fidelidad es un valor demasiado grande para que quepa en el poco espacio que hay entre las piernas-

Texto de Joserra Landarroitajauregui, sexólogo.

El término proviene del latín «Fides» (fe), así que tiene un sentido religioso; de hecho, Fidelitas fue diosa romana. Está relacionado con “creer”, “confiar” y “cumplir la promesa”; pero sobre todo, con seguir a Dios, entregarse a él y seguir sus preceptos; por eso, fieles son los creyentes. En aquella Antigüedad, la Fides era asunto central de la dignidad y la credibilidad del ciudadano. Así pues este hilo etimológico y epistemológico nos conecta con: creer, hacerse creer y ser creíble.

La fidelidad no queda demasiado lejos de otro valor: la lealtad; así pues, se relaciona con: no cambiar de chaqueta, no engañar, no traicionar; o sea, “no fallar”. En algún momento de la historia -y obra del puritanismo- va mudando su significado: desde aquel “no fallar al otro” a este “no follar con otro”. De este modo, la infidelidad se fue convirtiendo en adulterio; y viceversa. Así, cuando hoy decimos fidelidad solemos referirnos a «exclusividad» erótica; incluso, genital. Pero la fidelidad es valor demasiado grande para que quepa en el poco espacio que hay entre las piernas.

Esta «exclusividad erótica», tornada en prescripción universal, se constituye con cuatro componentes:

1) un dispositivo de control sexual puritano productor de difamación y exclusión ;

2) un mecanismo moral reductor del daño (tanto intradiádico como extradiádico);

3) una renuncia agápica (me entrego -en exclusividad- desde mi soberanía de poder darme);

4) una promesa garantista (me contengo para evitar riesgos a nuestra continuidad relacional).

A través de estos cuatro componentes se produce y se regula tal exclusividad. Ahora sí, los dos primeros son regulaciones «desde fuera» del contrato amoroso, mientras que los dos segundos son pactos o promesas «desde dentro» del mismo.

Los encuentros amorosos extradiádicos son mucho más frecuentes de lo que puede imaginarse y con frecuencia son causa de crisis o ruptura de relaciones amorosas constituidas. Sin embargo, muchas relaciones sobreviven (incluso crecen y se enriquecen) después de una experiencia de este tipo. Aunque es frecuente que, de aquellas dolorosas heridas, queden profundas cicatrices. Muchas infidelidades, por efímeras y desconocidas, son del todo irrelevantes e inocuas para el cornudo y pueden ser nutritivas y estimulantes para el infiel. De hecho, la infidelidad no produce «dolor propio» (en su caso, culpa), pero sí suele producir intenso «dolor ajeno». Ahora si, sólo produce daño la infidelidad «sabida» y la infidelidad «temida». Por lo que, debería evitarse todo aquello que propicie tal dolor (así: confesiones, desvelamientos, denuncias, sincericidios,…).

 Las parejas juegan a este juego siguiendo cinco reglas:

  • Regla 0. Constituida la pareja (con unos u otros grados de formalidad) se instituye un monopolio de prestación de servicios eróticos con un único y exclusivo servidor.

  • Regla 1. Condúcete cumpliendo la regla cero y confía en el cumplimiento ajeno

  • Regla 2. (Sólo si se produce error u omisión en la regla uno). Actúa como sí estuvieses cumpliendo la regla 1.

  • Regla 3. (Sólo si se produce error u omisión en la regla dos). Niégalo todo.

  • Regla 4. (Sólo si se produce error u omisión en la regla tres). Intenta salvar lo que pueda salvarse.

Los cambios en costumbres (nótese que la mayor parte de las infidelidades ocurren en torno al trabajo), las transformaciones morales y las novedades tecnológicas han producido cambios en la definición y la gestión de esta exclusividad erótica. Así, usos que otrora fueron infidelidad (roces, cercanías, acompañamientos, confidencias,…) pueden no vivirse como tales (o sí). Así mismo, emergen nuevas formas virtuales en las cuales no hay contacto epidérmico alguno.

De todos estos equívocos resulta una paradoja típicamente maniquea: propender hacia lo positivo negando lo negativo; o sea, soy fiel, no siendo infiel. De ese modo convertimos un valor encomiable en negación, colonización y vigilancia (sobre todo, genital). Y lo que habría de servir a la fe, la seguridad y la confianza, se torna en promotor de inseguridad, fiscalización y descrédito.

Una idea final. El «mercadeo» denomina fidelizar a las estrategias conducentes a que el cliente vuelva y, sobre todo, que no compre a otro. De ello pueden emerger dos aspectos interesantes para las parejas: a) la aceptación positiva de ciertas formas de competencia y b) el salto del «control del otro» a la mejora de la «propia oferta».

Fuente del texto: Blog del ISESUS Instituto de Sexología Sustantiva

Puedes ver a Joserra Landarroitajauregui hablando sobre este tema en un Debate sobre la Fidelidad (programa Para todos la 2)

En las últimas décadas el concepto de fidelidad ha sido muy debatido. Lo cierto, es que fidelidad es un concepto que se refiere y abarca una realidad muy amplia; podemos aplicarlo cuando hablamos de la lealtad o de la voluntad de cumplir una promesa, aunque también nos la podemos aplicar a nosotros mismos: ¿Somos fieles a nuestros principios? ¿Qué es en realidad la fidelidad? ¿Cuesta ser fiel?”

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