Jugando, jugando, nos vamos excitando…

 dildos-vidassexuadasHoy tengo el placer de invitar a mi blog a Claudia Méndez, autora de Sexualidad X.  Y aquí tenéis su artículo, una estupenda clase sobre el uso de juguetes genitales y erótico-festivos. ¡Qué lo disfrutéis!

A medida que crecemos y nos hacemos adultos, cambiando la piel de niñ@s por la de hombres y mujeres hech@s y derech@s, renunciamos también a uno de los aspectos claves en el universo infantil: la dimensión lúdica. Obligaciones, deberes y derechos pueblan nuestro día a día, marcando lo que solemos definir como “proceso de maduración”. Tomar conciencia de nuestro rol en la sociedad, forjarnos una imagen pública e intentar responder a las expectativas propias y ajenas generadas en torno a nosotros son los ejes principales de ese salto al vacío que es el desarrollo humano. De repente, todo suena serio, formal, definitivo, categórico y decisivo. Inevitablemente, no son pocas las ocasiones en que, abrumados por el peso de la madurez, echamos de menos el oasis de despreocupación que hemos dejado atrás. ¿Dónde ha quedado el juego y la diversión? 

Afortunadamente, nuestro plano sensual viene al rescate. El capitán sexo acude rápido ante nuestra necesidad de encontrar una vía de escape y de recuperar el placer del disfrute primario, sin pliegues ni dobleces. Y es que por encima de etiquetas, de esperanzas y de motivaciones, la intimidad (a solas o en compañía) constituye un remanso de evasión orgásmica. Tocarnos, acariciarnos, rozarnos, pellizcarnos, conocernos, en definitiva, es una de las experiencias más sublimes y gozosas que podemos vivir. Pero no solo nuestra piel cuenta a la hora de lograrlo. En la era 2.0, la tecnología no podía permanecer ajena a la diversión sexual. Por eso, contamos con la inestimable ayuda de los juguetes sexuales. Conozcamos un poco más de cerca a estos pequeños esbirros al servicio de nuestro placer.

Pero antes de nada, definamos a grandes rasgos qué entendemos por juguete sexual. No, no frunzáis el ceño, que seguro que algún despistado estará pensando en muñecas hinchables y dados eróticos. No, chic@s, no hablamos de accesorios para el sexo sino de dildos, vibradores, anillas para el pene y cía. Much@s siguen pensando que todas esta gama de artilugios no sirven más que para reemplazar al pene en sus funciones y no podrían estar más equivocados. Nada ni nadie puede amenazar al pene en una relación heterosexual o gay, ni que decir tiene. Ahora que tampoco tenemos por qué levantar un muro en torno a él que nos impida diversificar nuestras formas de vivir el sexo. Son much@s los que recurren a vibradores o dildos para practicar la doble penetración –anal y vaginal u oral y vaginal-, por ejemplo. Menos son, sin embargo, los que se atreven a aventurarse en el pegging echando mano de un dildo especial colocado en una especie de cinturón. Y es que la penetración por parte de la mujer todavía no entra en los esquemas mentales de la inmensa mayoría…

En función de las preferencias de cada un@ y de las necesidades, podemos optar por un modelo de juguete sexual u otro. En la variedad está el gusto, así que ¿por qué no ir experimentando hasta descubrir cuál nos divierte más en la cama? Desde el material hasta la forma y el funcionamiento, la elección está en nuestras manos (nunca mejor dicho). En el mercado los hay, por ejemplo, de gelatina sintética, plástico, cristal y silicona. Éste es sin duda el material que mejores resultados da. Al ser hipoalergénico, no existe riesgo de sufrir reacciones alérgicas al usarlo, siendo su tacto muy suave y permitiendo vibraciones intensas. Además, es muy fácil de limpiar. No están mal tampoco los de cristal, el último grito en juguetes sexuales. Su dureza da sensaciones intensas y sirven tanto para un roto como para un descosido, empleando en la estimulación interna y externa. ¿Y qué decir de la gelatina sintética, ese material pegajoso que nos vuelve loc@s? Eso sí, su textura nos obliga a echar siempre mano de un buen lubricante de base acuosa para un mayor placer. El plástico es en principio el recurso más rudimentario. Duro y algo ruidoso, ofrece sin embargo una limpieza fácil, por lo que no hay que descartarlo tan rápido.

¿Todo esto os suena a alegato en favor de los vibradores y dildos? Si es así, debéis saber que hay vida –¡y qué vida!- más allá de ellos. La industria del erotismo avanza a pasos agigantados para responder a todas nuestras necesidades y fantasías más elaboradas. Así que no es difícil encontrarnos todo tipo de juguetes sexuales que corresponden a otros tantos modos de estimulación sexual. Los simples solo permiten trabajar una zona concreta, ya sea el ano o la vagina. Sin embargo, los dobles, con sus ramificaciones, multiplican el placer por dos. Además de los que vibran, los hay que aumentan de temperatura al contacto con el cuerpo. También tenemos los retráctiles y hasta las fundas para dedos. Los estimuladores de clítoris y del punto G son uno de los favoritos de las mujeres. Ya sea en su versión con mando a distancia o sin él, puede ser un arma ideal para ir calentando motores en pareja… rodeados de gente.

Y si pensabas que la anatomía femenina era la única que se beneficiaba de estos instrumentos divinos, es que vives en la prehistoria del sexo. En general, casi todos los juguetes sexuales son intercambiables, pudiendo usarlos hombres y mujeres por igual. A parte de los estimuladores clitoridianos y del punto G, podemos decir que la igual de oportunidades domina en este campo. Eso sí, ellos cuentan ya con algunos artilugios propios como los huevos masturbadores hechos a base de silicona y con sorprendentes variantes. ¿Qué decir de las anillas para el pene, que aumentan el flujo sanguíneo en la zona y potencian las erecciones?

Alguien debería proponerle a la RAE que elimine la palabra consolador del diccionario. Llamemos a cada cosa por su nombre: nos gustan los juguetes sexuales. ¿Y qué?

*Claudia Méndez. Autora de Sexualidad-X

Bordado de la artista Carolina Marsden

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