Pistas para gestionar los celos

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Porque los celos son una emoción presente a lo largo de nuestra vida afectiva; porque afectan al individuo, a la relación sentimental y a las relaciones sociales; porque los celos se pueden tener por mil y un motivos; porque tus emociones dependen de tus vivencias, tus ideas, tus valores, tus inseguridades, tus fortalezas…; porque puedes analizar y ver qué hay detrás de esas emociones, porque puedes expresarlas y aceptarlas…; porque los celos existen, pero puedes gestionar el espacio que ocupan en tus relaciones. En este maravilloso texto que tienes a continuación, de la sexóloga y pedagoga Sara Rodríguez, seguro que encontrarás reflexiones que te pueden ayudar.

Mi pretensión aquí no es ofrecer guías de actuación, pues cada cual debe pensarse a sí mismo/a y decidir el camino que quiere realizar. Las líneas que desarrollo a continuación sólo tienen sentido entendidas como ideas que pueden ser válidas y útiles a nivel individual en función de las circunstancias y necesidades personales. Por tanto que cada quién  tome, deje o añada lo que crea conveniente para sí mismo/a en función de sus vivencias y momento biográfico.

En el hecho de pensar los celos, es decir, la gestión de éstos, podemos diferenciar tres áreas básicas desde las que trabajar: a nivel individual (la persona que siente celos), a nivel relacional (la vinculación afectiva donde se sitúan) y a nivel social (familia, amistades, profesionales…). Ofreceremos algunas pinceladas de cada una de ellas en los párrafos siguientes.

En primer lugar, permitirnos sentir celos y reconocerlos como tal son las dos primeras claves para poder abordarlos. Si los negamos, sentimos vergüenza y/o intentamos esconderlos, tan sólo lograremos aplazar el momento de darles salida, con el consecuente sufrimiento y la posibilidad de sentirnos descontrolados y manejados, cual marioneta, por nuestras propias emociones.

 Además, entender los celos como una emoción puede darnos pistas para gestionarlos. Conocer que tras esa idea de “siento/siente celos” lo que tenemos es un concepto que puede referir a una gran variedad de emociones como pueden ser el miedo al abandono o a sentirse excluidos, la inseguridad, la envidia, la frustración, la vergüenza, la rabia, la angustia… nos ofrece un enfoque para trabajar sobre ellos.

Desde este punto de vista nos tocaría preguntarnos: ¿qué hay detrás de ese “siento celos” en nuestro caso?, ¿he sentido amenazada la vinculación con mi pareja?, ¿he sentido una falta de lealtad/respeto?, ¿me estoy comparando con
otra persona?, ¿ha habido un hecho concreto que propició los celos? Podemos ahora dar respuesta a estas cuestiones (y otras que se nos ocurran) de forma individual y, si luego nos parece adecuado, podríamos compartirlo con alguna de nuestras amistades, familiares o algún profesional; o si nos sentimos incapaces de abordar las respuestas a solas, podemos partir directamente de comentar, con las personas que hayamos elegido, las preguntas y a partir de ahí generar de forma conjunta las reflexiones. El hecho de compartirlo puede ayudarnos a ver si lo que planteamos es algo racional o no, ayudándonos a razonar la situación y así avanzar en la gestión y toma de decisiones.

Por otra parte, hemos de tener en cuenta el marco relacional donde se dan los celos, es decir, si tenemos en ese momento una relación sentimental y qué grado de confianza y acuerdos tenemos con la persona que estamos vinculados.

Si nuestra relación está construida sobre unas bases de seguridad, y por tanto unos acuerdos de cómo y hacía donde nos dirigimos (en el presente, no tiene por qué referirse a planes a largo plazo) nos será más fácil compartir con nuestra pareja lo que estamos viviendo y hacerle partícipe de nuestras decisiones.

En este momento es importante si vamos a comunicar lo que sentimos a nuestra pareja hacerlo desde la responsabilidad de nuestros propios sentimientos, es decir: lo que sentimos, lo sentimos nosotros y no podemos culpar a la otra persona de esas emociones. Para ello, puede ayudarnos el uso del lenguaje desde el “yo”, expresando eso que has sentido sin caer en reproches, coacciones o manipulaciones, pues en este caso ya estaríamos hablando del uso de los celos, dirigido al control y dominio de la relación de pareja.

Por ejemplo, si decimos “El sábado me dejaste abandonado/a y te fuiste con tu amigo/a al cine” estamos poniendo la responsabilidad de lo que sentimos en la otra persona. Sin embargo, si lo expresamos diciendo “Me sentí abandonado el
sábado cuando te fuiste con tu amigo/a al cine” hemos enfatizado en nuestro sentimiento, haciéndonos cargo de esa emoción que hemos sentido. Desde esta postura cabe el diálogo, la revisión de acuerdos y la construcción de otros nuevos si fuese necesario, pues sabemos que los acuerdos de cada relación son revisables y modificables a lo largo de la biografía de esa pareja. De hecho, las situaciones de celos pueden ser una señal de que hay algunas cuestiones sobre las que no hemos acordado, o que los acuerdos que hay no son los que verdaderamente deseamos o necesitamos en ese momento.

Por último, resulta necesario que cada persona piense qué necesita para sentirse bien. Nos ayudará a conocernos mejor y enfocarnos en vivencias más positivas para nuestro desarrollo. En este sentido, podemos pensar, por ejemplo, en algunos cambios en la interacción que tenemos con nuestra pareja, o en el tiempo y cuidado propio.

Algunas personas se dan cuenta que sus celos no tienen nada que ver con lo que hace o deja de hacer la persona con la que están vinculados. Con lo cual, la gestión y crecimiento, en este caso, tenderá a focalizarse en la propia persona, en el autocuidado. Aquí podemos pensar en cuestiones como disfrutar de más tiempo con nuestras amistades, hacer ese deporte que nos encanta y nunca nos animamos, comenzar a tocar ese instrumento que siempre hemos querido tocar y para el que siempre nos “faltaba” tiempo, regalarnos alguna escapada solitaria a aquel sitio que tanto nos gusta, relajarnos con un masaje, escribir sobre lo que sentimos para luego reflexionar sobre ello (bien sea a solas o junto a las personas que elijas)…en definitiva, crecer nosotro/as mismo/as para poder, después, crecer en pareja. Buscar momentos individuales, y dejar espacios individuales para nuestra pareja. No podemos dejar de ser dos que hacen lo que les gusta para ser “uno” que hace lo que le disgusta.

Hasta aquí algunas pequeñas pistas que podemos poner en marcha. Eso sí, sabiendo que no es magia, pues cuando deseamos cambiar enfoques, comportamientos y conductas necesitamos tiempo. Así que paciencia y muchas ganas de crecer.

 * Se ha redactado el artículo refiriéndonos en singular a pareja en el intento de aligerar su lectura y comprensión. En cualquier caso, dentro de este concepto se incluye cualquier tipo de vinculación: relaciones monógamas, parejas abiertas, relaciones de poliamor…

Artículo de Sara Rodríguez Pérez. Sexóloga, Pedagoga, experta en violencia en parejas jóvenes, investigadora en la Universidad de Oviedo.  Publicado originalmente en NYOSexología.

Imagen vía Shutterstock.

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