Bésame mucho

beso

Días atrás he leído en una red social el artículo «Bésame mucho» del sexólogo Joserra Landa, como él explicaba en su página, fue publicado en el año 2007 en la Revista Española de Sexología (nº 139-140) dentro de un monográfico titulado «Sexorum Scientia Vulgata» y próximamente, será actualizado y publicado en un libro de la Editorial ISESUS.

Hoy queremos compartirlo en el blog, para acercaros este ensayo sobre los besos y el besar, escrito con sabiduría bien hilada y buen gusto, como Joserra nos tiene (bien) acostumbradxs. (Las negritas son mías).

BÉSAME MUCHO

1. Erótica y oralidad

A finales del siglo XIX el insigne Sigmund Freud en su intento de descubrir los orígenes de la sexualidad humana describió tres etapas evolutivas del erotismo infantil. Estas eran: la etapa oral, la etapa anal y la etapa genital. Freud, y después sus seguidores, cometieron respecto de esto dos grandes errores que conviene resolver y revertir. Estos fueron:

En primer lugar, Freud no cayó en la cuenta de la existencia de una cuarta etapa del erotismo infantil: la etapa epidérmica. Esta etapa es en realidad la primera y seguramente la más principal de todas ellas. Tanto entonces como ahora, los niños nacen con “sed de piel” y resuelven esta necesidad erótica lo mejor que pueden y les dejan.

En segundo lugar, Freud supuso erróneamente que estas tres etapas eran secuenciales y disyuntivas. En razón de ello estimó que la evolución hacia la madurez erótica implicaba el abandono de la etapa anterior al ingresarse en la etapa nueva. Por ello introdujo el concepto “fijación” que daba cuenta de una cierta detención de este proceso evolutivo. En último término Freud consideraba que la genitalidad sería el estado final -maduro y adulto- de la erótica humana. Con ello no hizo sino contribuir a la “fijación genital” tan propia de nuestro tiempo. Sin embargo no es justo culparle a él sólo puesto que este logro cultural tiene muchos padres.

Hoy podemos afirmar que en la erótica adulta coexisten –o pueden hacerlo- armoniosamente las cuatro eróticas que evolutivamente van apareciendo en la infancia: de un lado la olvidada erótica epidérmica; y de otro las mencionadas eróticas oral, anal y genital. Sabemos además que el proceso de madurez erótica no es un “traslado” a lo largo de unas etapas evolutivas disyuntivas; sino un ingreso secuencial que propicia, inclusivamente, la integración armoniosa de todas ellas en la erótica adulta. Según esto la oralidad adulta no sería, en absoluto, ni “fijación”, ni “regresión”, ni ninguna otra forma de infantilismo erótico.

De hecho afirmamos rotundamente que en la erótica adulta están presentes, con más o menos centralidad, todas estas “eróticas infantiles”. Y en este marco el beso suele ser a la erótica oral madura, lo que el coito a la erótica genital madura o la caricia a la erótica epidérmica madura. Esto es: gestos eróticos centrales y sumamente frecuentes. Así que la expresión amatoria de muchas parejas se constituya casi exclusivamente de estos tres gestos eróticos: besos (de diferentes tipos), caricias (de diferentes modos y en diferentes zonas) y coitos (en diferentes posturas). Quedaría ausente la erótica anal (aunque mucho menos de lo que suele creerse, decirse y aceptarse) abandonada al ostracismo de lo indeseable, lo silenciado y lo prohibido.

La presencia de la oralidad en la erótica adulta es tan central que ha creado lenguaje y cultura. De hecho todo nuestro restringido vocabulario erótico está lleno de incontables referencias orales; y muchos de los nombres que damos tanto a los genitales como a otras zonas erógenas (incluso los considerados más groseros) hacen clara referencia al universo de lo oral. Muy frecuentemente, a lo comestible.

2. El valor erótico de la boca

La boca está llena de innumerables receptores sensitivos que informan a nuestro cerebro de los estímulos recibidos, inundándole así de cálidas y gratas sensaciones. Así mismo la boca y cada uno de los elementos que la constituyen –fundamentalmente lengua, labios y dientes- son magníficos estimuladores con los cuales podemos regalar y regalarnos de maravillosos momentos de amor y gozo.

Llamamos protuberancias sexuales a los estímulos anatómicos que, en cada especie, tienen un valor de reclamo erótico. Por ejemplo la colorida cola del pavo real o la melena del león. En nuestra especie la boca es una protuberancia sexual. Así que los labios, los dientes o la lengua resultan potentes estímulos que suscitan –o pueden hacerlo- atracción, deseo y excitación. Por ello son imagen frecuentemente usada en publicidad: por su potente capacidad de reclamo. Piénsese en una boca atractiva provista de blancos dientes enmarcados en carnosos labios sobre los cuales se desliza, provocativa y cadente una lengua húmeda. No tiene mucho que ver con un coche o una bebida,… pero estimula. ¡Vaya si estimula!

En razón de esto, conscientes o no, dedicamos un nada despreciable esfuerzo en «mejorar» esta protuberancia y a través de ello nuestro potencial atractivo.

Además de su atractivo, la boca –por lo tanto los labios, los dientes y la lengua– es fuente de estimulaciones eróticas específicas sumamente gratas. Así: mordisquearle al amante los lóbulos, los pezones, los labios o la lengua; morderle la espalda, la nuca, los hombros o las nalgas; lamerle los genitales, los pechos o los muslos. O también: pasear la lengua sin prisa por toda la superficie epidérmica amada; acariciar dulcemente con los labios cada recoveco de su cuerpo; humedecer con cálida saliva cada uno de sus poros; chupar, besar, susurrar, piropear cada rincón de su geografía corporal… son, todos ellos, gestos eróticos sumamente gratos y hechos amatorios con valor propio. No tienen por qué ser prolegómenos, ni mucho menos subsidiarios, de otras conductas también posibles.

3. El instinto de besar

Tendemos a asociar instinto y animalidad; luego a contraponer instinto y humanidad. Sin embargo lo que hace verdaderamente peculiares a los humanos es que somos el animal con mayor cantidad y mayor diversidad de instintos. Y, además, con mayores y mejores recursos para gestionar esta potencialidad instintiva. También solemos contraponer instinto a voluntad. Sin embargo una de las peculiaridades de los humanos es que tenemos la potente capacidad de gestionar, voluntariamente, nuestros instintos. Pues lo instintivo, si humano, está sometido a voluntad.

La conducta erótica es en gran medida instintiva. Lo mismo podría decirse del lenguaje, la bipedestación, la nutrición, la masticación, la cooperación, la vinculación afectiva o la autoprotección. Ahora bien, afirmar su original condición instintiva no significa en modo alguno negar cualidad humana alguna a la erótica, ni mucho menos disminuir la importancia del proceso de culturización. Pues los humanos –para bien; pero también para mal- culturizamos y pasamos por potentes filtros de cognición y cultura todos y cada uno de nuestros instintos. Hasta el punto que en ocasiones –incluso despatrimonializándonos de un bien- somos capaces de inhibir, anular o mutilar algunos de ellos.

Con el resto de los mamíferos compartimos mucha oralidad en la relación materno-filial (que en ocasiones llamamos “la escuelita del amor”). Así: el reflejo de succión del neonato o el lameteo maternal son gestos casi invariables en todas las especies mamíferas que garantizan no solo la nutrición alimenticia sino la vinculación afectiva. Así mismo el traslado maternal de los cachorros en casi todas las especies mamíferas se produce mediante el mismo “mordisco no punzante en la nuca” que muchos amantes humanos mutuamente se dispensan.

Por otro lado la boca –especialmente los labios y la lengua– está llena de receptores sensoriales eróticos y erógenos muy bien conectados con el “cerebro emocional” y con los centros cerebrales responsables del deseo y la excitación.

Las feromonas –sustancias volátiles de reconocimiento y comunicación eróticas- se secretan fundamentalmente en glándulas sudoríparas y salivares; y el órgano vomero-nasal encargado de la recepción y decodificación feromonal está ubicado en la nariz, que a su vez está íntimamente conectada con la boca.

La postura coital prácticamente exclusiva de los mamíferos es el «coito a tergo»; esto es, con penetración posterior. Sin embargo, algunos primates –y, entre ellos, los humanos- han dado prioridad a la penetración de frente («face to face»). Frecuentemente los antropólogos han explicado este cambio postural por el anhelo humano de contacto visual y bucal. Desde luego los sexólogos podemos dar cuenta que muchas personas “necesitan” (como condición erótica ineludible) el encuentro interbucal para la celebración del coito. No ya como prolegómeno o como conclusión, sino como acompañamiento necesario.

Así como la cópula es una conducta que, relativamente, compartimos con el resto de los mamíferos; el beso es un gesto erótico que, relativamente, sólo compartimos con los primates.

Ahora bien, aunque es cierto que muchos primates también besan y se besan (al menos producen contactos interbucales observables con significación erótica), el beso no tiene en aquellos ni la diversidad, ni la gramática, ni la significación que ha alcanzado en la especie humana.

Desde este punto de vista podría afirmarse que el beso es probablemente una de las conductas eróticas más simbólica, más subjetivizada, más culturizada y más evolucionada de cuantas los humanos podemos llevar a cabo.

Dicho así parecería que el beso es, sobre todo, construcción humana y obra cultural. Sin embargo como suele ocurrir siempre respecto a cualquier aspecto de la sexualidad humana, las cosas no son tan simples como nos obstinamos en creer. Como ya hemos dicho la erótica –toda ella- es en gran medida instintiva Y la oralidad –que es uno de los modos de la erótica humana- es demasiado ancestral en nuestra especie y está muy fuertemente anclada en nuestra propia neuroanatomía como para que pueda explicarse estrictamente en términos de historia y cultura. Pero en cualquier caso, la erótica humana está demasiado entretejida por la historia y la cultura humanas como para poderse explicarse al margen de ellas. Y esto porque las diferentes culturas han reconstruido el anhelo interbucal humano dotándole de significados. Así que en la actualidad el beso no es solo un hecho, sino –también- un símbolo; y no es sólo un gesto, sino –también- un significado; no es solo un instinto, sino –también- una costumbre.

4. El beso y las culturas

En nuestra cultura, la manifestación amorosa por antonomasia es el encuentro y la comunión bucal entre los amantes. Esto es, en sus múltiples formas: el beso. A través del beso no solo sentimos placer y gozo sino que transmitimos nuestros más íntimos sentimientos y sensaciones. Así pues la boca es a la vez fuente del propio placer e instrumento a través del cual gratificamos a nuestro compañero o compañera de juego amoroso.

El beso es una conducta erótica concreta. Una más entre cientos de ellas. Pero como iremos viendo una bastante especial. De hecho en nuestra cultura es la conducta erótica por excelencia: la más frecuente, la primera que aprendemos en nuestra biografía erótica y la primera que suele aparecer en cualquier acto erótico entre dos personas.

Su centralidad erótica es tal que en muchas ocasiones el encuentro erótico no es sino una secuencia de hechos y gestos corporales –con más o menos compromiso genital- que “cuelgan” todos ellos de un largo y continuado beso relativamente ininterrumpido.

Sin embargo aunque lo anterior es bastante cierto y generalizable en nuestra cultura occidental, no en todas las culturas humanas el beso ocupa un lugar tan central y preponderante en el encuentro erótico.

Por ejemplo en la cultura somalí, la cewa, la lepcha o la sirionó el beso es una práctica poco frecuente; y desde luego nada promovida y bastante censurada. Y entre los Tonga sudafricanos el beso es considerado como un acto indeseable por absolutamente repulsivo; así que lo relacionen con el asco (parecido ocurre en nuestra cultura con la estimulación linguoanal o ha ocurrido no ha mucho con la felación y el cunnilingus).

Que las culturas estigmaticen determinados comportamientos no quiere decir que sus integrantes no los realicen. Como suele ocurrir en todas las civilizaciones humanas –incluida la nuestra- las prescripciones culturales condicionan pero no determinan la producción erótica de sus miembros. Así tanto entre los somalíes, como entre los cewa, los lepcha, los sirionó e incluso entre los Tonga muchos hombres y mujeres conocen, practican y disfrutan de los besos cuando gozan de la suficiente intimidad.

Si hay una característica universal de la producción erótica humana, cualquiera que sea el gesto erótico o la cultura en la que se lleve a efecto, es que se apoya en razones (eróticas) que la razón (cultural) no entiende. Lo cual ha sido dicho como: el corazón tiene razones que la Razón no entiende.

A nosotros los occidentales esta visión negativa del beso de algunas culturas africanas nos resulta, hoy, muy sorprendente porque en nuestro contexto cultural el beso es una conducta muy entrañable, deseable y promovida que relacionamos simbólicamente con los afectos en general y con el amor en concreto (en contraposición con otros gestos eróticos que suelen ser percibidos como desgajados de toda dimensión afectiva). Así mismo relacionamos simbólicamente el beso con lo casto, lo limpio, lo inocuo y lo auténtico. Razón por lo cual no sólo no censuramos, sino que promovemos algunos besos. Por ejemplo, el beso infantil (tanto entre infantes; como entre éstos y los adultos). De hecho en nuestro tiempo es una de las pocas conductas eróticas promovida en la relación entre adultos y menores. Y está todavía exenta de la paranoica sospecha antipederasta.

5. No es oro todo lo que reluce bajo el besar

Habría razones para que en nuestra cultura no se promoviese el beso como la conducta erótica más entrañable y deseable. De hecho el beso es fuente potencial de algunos peligros imaginados y otros reales.

Algunos de estos peligros imaginados (temores infundados) pueden resultar paranoicos. Por ejemplo, actualmente en algunas sociedades avanzadas –principalmente angloparlantes- el beso intergeneracional –sobre todo el beso estrecho que incluye abrazo de un adulto a un niño- está crecientemente sometido a la sospecha de abuso sexual del menor. Con ello van produciendo niños, cada vez menos tocados y menos besados (otro ejemplo de mutilación cultural de un instinto benéfico).

Hasta hace bien poco las sociedades católicas han visto en el beso (sobre todo el interlabial; y mucho más el interlingual) motivo de escándalo público lo cual ha dado lugar a múltiples censuras artísticas o –peor aún- a articulaciones penales punitivas en los estados confesionales. Sin embargo -¡qué curioso!- actualmente el beso es la única conducta erótica abiertamente consentida en los templos católicos postconciliares. Incluso puede llegar a ser conducta requerida frente al mismísimo altar en las ceremonias nupciales. Allí los contrayentes, a instancias del propio oficiante, rubrican simbólicamente su vínculo amoroso uniendo sus labios en un emocionante, público y aplaudido beso ritual.

Todo lo anterior dice más de los temores que de los peligros reales. Sin embargo desde el punto de vista de las amenazas, el beso no es del todo inocuo. Por ello habría razones profilácticas para hacer campañas institucionales contra el beso en general y contra el beso con intercambio lingual en concreto. Y esto porque, desde un punto de vista estrictamente sanitario, el beso es una conducta de alto riesgo de transmisión de todo tipo de gérmenes que puedan transportarse bien a través de la saliva, a través del aire o, en menor medida, a través de la sangre. Lo cual incluye infinidad de enfermedades más o menos graves que por razones absolutamente inexplicables no son clasificadas como Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS). Es curioso comprobar como la clasificación de las otrora denominadas “enfermedades venéreas” (esto es, enfermedades relacionadas con la hermosura, el amor y el deleite carnal) contemplen exclusivamente a aquellas que son propiciadas por contagio intergenital; excluyéndose expresamente las que se producen por contacto interbucal. Y esto en una cultura, la nuestra, en la que ningún otro gesto erótico es más venéreo y venerado que el beso.

Por fortuna, y aunque este peligro realmente exista, nuestra neurosis sexoprofiláctica no es todavía tan esperpéntica. Aunque el futuro respecto a esto tampoco parece demasiado alentador.

6. El beso es fuente de gozo

Es bastante probable que la universalidad (digamos la “popularidad intercultural”) del beso –incluso en las culturas que no lo promueven o lo proscriben- no se deba exclusivamente a razones de fobias o filias culturales. Más aún, me parece a mí, que la razón fundamental del éxito de esta práctica es, precisamente, su cualidad gratificante. Según esto besaríamos sobre todo porque la experiencia es, en sí misma, gozosa, grata, satisfactoria, divertida, simpática, estimulante y excitante. O por decirlo más claramente: besamos por razones hedónicas. Sin desmerecer las razones simbólicas.

Aunque “lo hedónico” ha sido históricamente muy desprestigiado en nuestra cultura y se ha tomado como “antivalor” lo cierto es que tendríamos que hablar un poco del beso en tanto que experiencia hedónica. Pero para ello tendríamos que advertir, previamente, de algunas trampas del idioma. Así convendría aclarar que bajo la etiqueta “placer” se esconden una multiplicidad de sensaciones diversas, muchas de las cuales ni siquiera tienen una palabra que las designe. De hecho los términos: orgasmo, gusto, gustirrinín, gozo, cosquillas, escalofríos, etc, designan con más o menos rigor sensaciones placenteras. Todas ellas gratas, pero distintas y diversas.

Por otro lado sabemos que el placer es experiencia sentida, pero ¿qué sentimos?. El verbo sentir sirve en castellano tanto para las sensaciones como para los sentimientos. Sin embargo unos y otras pertenecen a universos diferentes. El latín diferenciaba entre los verbos sentire y sensare; pero en castellano el verbo “sensar” (que los sexólogos solemos usar) no existe. Ahora bien entenderíamos mejor lo que nos pasa, si sintiésemos los sentimientos y sensásemos las sensaciones.

Así pues convendría aclarar que el placer –que es sensación- no se siente, sino que se sensa; aunque pueda propiciar, de hecho suele hacerlo, también, que sintamos (sentimientos). Las emociones (como el amor) son precisamente sensaciones sentidas o, también sentimientos sensados. Esto es, participan de la doble realidad de los sentimientos y de las sensaciones.

La experiencia hedónica (esto es, el placer sensado) requiere de unos soportes neuroanatómicos. De hecho solo sensamos placer si: a) previamente a la experiencia placentera, tenemos un muy complicado sistema neurológico que comunica los receptores exteroceptivos con el llamado cerebro emocional; b) nuestro cerebro es capaz de producir una determinada respuesta fundamentalmente electroquímica (que incluye la liberación masiva de determinados neurotransmisores); y c) esa respuesta cerebral es percibida subjetivamente por el cerebro consciente como “placentera” (de suerte que esta, como cualquier otra percepción subjetiva, está sometida a toda suerte de filtros cognitivos).

Todo esto incluye mecanismos de recepción, codificación, decodificación y transmisión de determinados estímulos en determinados lugares de nuestra geografía corporal que se comunican con determinados centros de nuestro cerebro que es capaz de producir esta respuesta cerebral fruto de lo cual tenemos la percepción subjetiva de placer.

Ni qué decir que el beso participa y activa toda esta circuitería.

7. Gramática del beso

Dijimos antes que el beso no es sólo hecho, sino un símbolo; que no es sólo gesto, sino significado; que no solo instinto, sino costumbre. Con todo esto lo que ha ido ocurriendo es que la cultura ha ido “gramaticalizando” el beso de suerte que a través de él se “dicen” cosas y estas cosas significan razonablemente lo mismo para quien las “dice” y para quien las “escucha”. Y esto porque se ha ido produciendo una relación entre significantes y significados de este besar.

Esta gramaticalización del beso ha propiciado así mismo la existencia de besos sin significación erótica alguna. Esto es, besos deserotizados. Entre otros muchos: el beso ritual de saludo, el beso de aceptación de perdón, el beso identitario mafioso, el beso delator de Judas, el beso de respeto a las reliquias u otras materias sagradas, el beso humillado de los pies del ensalzado, el beso “aseptizante“ dado al pan caído, el beso “sanador” del morado o la herida, el beso a la alianza, etc. Todos ellos son besos con usos y significados anaeróticos.

Otras culturas también han deserotizado otras conductas eróticas para usarlas, casi siempre con fines rituales, para motivos extraeróticos. Por ejemplo los israelitas vetusto testamentarios usaban la heteroestimulación genital como gesto de confianza y aceptación (casi como un fuerte apretón de manos actual); los machos dominantes de las tribus urbanas actuales usan la autopalpación genital como símbolo ostentoso de poder, de desinterés o de determinación; o los kágaba colombianos exculpan sus culpas sexuales repitiéndolas (eso sí, sin lubricidad alguna) ante Heisei, que es su dios de la sexualidad.

Todo esto en cuanto a besos –u otras conductas eróticas- que han adquirido cierta significación y cierta gramática que sirve a fines no eróticos. Sin embargo –en el territorio mismo del cual el beso es deudor: la erótica- hay una multiplicidad de besos distintos con significados eróticos bien diferentes. El contexto, la duración, la zona anatómica, la estrechez del lazo y el ingreso en el espacio corporal del otro son, entre otras, variables que determinan diferentes tipos de beso y diferentes significados de estos símbolos.

Así un paternal beso en la frente, dice cosas bien distintas que un casto beso en la mejilla o que un beso lanzado al aire con la palma de la mano. En absoluto tienen el mismo contenido, ni significación erótica similar, la huella del beso dejada en una carta o en un espejo, que la de un beso apenas sostenido en el cuello o la de un largo y juguetón beso en el lóbulo de la oreja. No comunicamos ni entendemos las mismas cosas de un furtivo beso labial, de un apasionado beso bucal o de un interminable y apretado beso con intercambio lingual. Mucho menos puntuamos del mismo modo un húmedo beso en los pechos, un encendido beso en los genitales o un inquietante beso anal. Todos ellos besos, y todos ellos distintos. En cualquier caso, a través de todos ellos, con los unos más y con los otros menos, vamos escribiendo la historia de nuestros sentimientos y de nuestras sensaciones más íntimas.

8. Epílogo: curiosidades e ironías orales.

1. Algunos eruditos aseguran que el secreto encanto de Cleopatra no estaba en su nariz, sino en su boca. Según esto, el rudo Marco Antonio quedó fascinado por sus excelsas cualidades como felatriz. En aquel tiempo los romanos, consideraban la felación como una práctica exótica que relacionaban con Oriente. De hecho Aristófanes se refería a ella como «hacer el fenicio». En la España actual se le supone origen transpirenaico y se conoce como «hacer el francés». En uno y otro caso, se tiende a considerar como una practica no aborigen. Esto ni fue cierto en la Roma Clásica, ni es cierto ahora. Las bocas y los penes llevan milenios visitándose.

2. Como ya hacíamos en nuestros primeros años de vida, si pudiésemos y nos dejasen -aunque fuese simbólicamente-, nos llevaríamos a la boca todo aquello que nos resultase atrayente y deseable. O por mejor decir, si fuese posible, nos encantaría llevarnos a la boca a todo aquel o a toda aquella que nos resulten atractivos y deseables. Seguramente por eso el vocabulario erótico está lleno de simbolismos orales. Muchas formas de expresión de la atracción, el deseo y el enamoramiento mencionan expresamente lo oral. Y en muchas ocasiones la gastronomía y el erotismo se mezclan. Así: “está muy apetecible”, “está riquísima”, “es sabrosón”, “está para comérselo”, “está como para chuparse los dedos”, “le comería a besos”, «a ese culo le daría yo un bocado», etc. Por otro lado muchos términos con los que designamos las zonas erógenas (desde los más groseros a los más poéticos) se adentran en el terreno de lo comestible. Así: nabo, cucurucho, chupete, almeja, chirla, melones, peras, cántaros de miel, caldito de su cuerpo, etc. Los primeros padres de la Iglesia -con Tertuliano al frente- tomándose esta metáfora muy al pie de la letra consideraron la felación como una forma de antropofagia.

3. La saliva es el mejor y más abundante lubricante corporal. También es un buen antiséptico. Gracias a ella, la lengua adquiere ese peculiar y gratificante tacto húmedo que resulta al tiempo cálido y fresco. El frescor suele producirse por evaporación. De hecho soplar sobre la piel previamente humedecida de saliva produce un simpático escalofrío local.

4. Los pintalabios, ese subrayado lunar junto a la boca, las cada vez más cuidadas barbas, etc. son, entre otros muchos, recursos de los cuales nos hemos dotado para “mejorar” nuestra boca y resultar más atractivos.

5. En estos momentos parece que el referente “Salud” tiene mayor prestigio que el referente “Belleza” y desde luego estos dos tienen mucho más prestigio que el referente EROS (o erótica). En razón de ello revestimos de “búsqueda de salud” lo que no es sino “búsqueda de belleza”. Y disimulamos con belleza lo que es “anhelo erótico”. Con ello, y cada vez más, los criterios de salud, de belleza y de erótica se confunden y se solapan. Hoy en día los retoques quirúgicos de los labios (perfilados y prótesis silicónicas), los aparatos de ortodoncia, las prótesis dentales o los blanqueados del esmalte dental son, de hecho, servicios estéticos bucales al servicio de la atracción erótica dispensados desde la medicina. Y los odontólogos son hoy más esteticistas que sanadores.

6. Priorizar criterios de salud, sobre criterios de belleza o cualquiera de estos sobre criterios eróticos puede resultar gravemente perjudicial para la salud, el equilibrio y el bienestar eróticos. Las personas en exceso pulcras, las asépticas o muy sensibilizadas con nuestra coexistencia con los gérmenes (bacteriológicas, suelo denominarlas) están muy limitadas es sus posibilidades eróticas. Acaban viendo peligros donde hay oportunidades. Así mismo las personas en exceso esteticistas también limitan su potencial erótico. Acaban deconstruyendo el cuerpo en la búsqueda de un ideal estético irreal en vez de descubrir la belleza y la eroticidad que, en su imperfección, el cuerpo real encierra. Con frecuencia acaban con tal distorsión perceptiva que ven feo lo que, de sí, es bello.

7. Como ha quedado dicho los humanos disponemos de erótica: epidérmica, oral, genital y anal. Muchísimos gérmenes –más o menos patógenos- tienen nuestras mismas aficiones y sienten preferencia precisamente por la piel, la boca, los genitales y el ano. Con lo cual gérmenes y erótica van indisolublemente asociados. Afortunadamente –no todo iba a ser malo- todo parece indicar que amar y gozar mejoran sensiblemente nuestro sistema inmunológico.

8. El beso con intercambio lingual es conocido como “beso francés” (el diccionario juvenil de cualquier instituto también lo conoce como “beso de tornillo” o “muerdo”). Como ya se ha dicho es considerado repulsivo en determinadas culturas. En la nuestra más se consideró obsceno hasta no hace mucho. Desde un punto de vista sanitario es el idóneo para el intercambio de gérmenes. Algunos de ellos patógenos. Pero amar es compartir. Y no sé por qué los gérmenes habrían de excluirse de este patrimonio comunal del amor.

9. Como ya se dijo en algunas culturas se considera la boca como algo sucio. En nuestra cultura los “sucios” son los genitales, mientras que la boca se tiene por limpia. De hecho, aún hoy, muchas (limpias) bocas europeas no se permiten ningún (sucio) acercamiento genital. Desde un punto de vista microbiológico los Tonga sudafricanos están más cerca de la verdad; pues aunque la saliva sea un buen antiséptico, la boca es bastante séptica. De hecho, y aunque tradicionalmente sólo se han considerado enfermedades de transmisión sexual (ETS) a aquéllas cuyo contagio se produce por interacción genital, muchos gérmenes contagiosos se valen de los intercambios bucales para saltar de un individuo a otro. Así que gripes, catarros, faringitis y muchas otras enfermedades respiratorias podrían ser consideradas ETS por vía interbucal.

10. La mayor parte de las prostitutas no ofrecen entre sus servicios eróticos el beso. Mucho menos el beso apretado de bocas abiertas y esgrima lingual. La razón podría ser profiláctica (se protegen de infecciones trasmitidas por la boca), pero suele ser, sobre todo, simbólica: dejan los besos para sus amantes.

Texto ©Joserra Landarroitajauregui.

Y para finalizar te invito a visitar el álbum BesArte en nuestra página de facebook.

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Tu moral no es la mía

moral sexual

No te metas en lo que hago con mi cuerpo. No te metas en cómo vivo mi erótica. No te metas en el terreno de mis fantasías. No te metas en cómo soy como mujer o como hombre. No te metas en cómo expreso mi sexualidad. No te metas en mi forma de vivir mis relaciones emocionales y afectivas. No te metas en mis necesidades, ni en mis deseos, ni en mis límites y mis decisiones.

Sólo si yo te lo pido. Mientras tanto, guárdate tus opiniones y tu moral, es la tuya, no la mía.

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El amor no es un sentimiento

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«La gente piensa que amar es sencillo que lo difícil es encontrar un objeto a quien amar. Pensamos que no tenemos nada que aprender sobre el amor, una cosa es enamorarse y otra la situación permanente de estar enamorado. El amor, como el vivir, es un arte.”

¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno “tropieza” si tiene suerte? La mayoría de la gente cree esto último, piensa que amar es sencillo, que lo difícil es encontrar un objeto a quien amar, lograr que se les ame. Esa actitud sobre el amor sigue siendo la idea prevaleciente, por lo que no existe ninguna otra actividad que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectativas y que fracase tan a menudo como el amor. El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor, como el vivir, es un arte.

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”. Amar es fundamentalmente dar, no recibir. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.

El amor no es necesariamente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un “objeto” amoroso. La clave más fundamental de amar es el amor fraternal, el amor a todos los seres humanos.

Hablar del amor no es “predicar”, por la sencilla razón de que significa hablar de la necesidad fundamental y real de todo ser humano.»
Texto extraído de «El arte de amar» (Erich Fromm)

Pic ilustración de Travis Bedel

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¿Sex o no sex? Lecciones de sexo

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Shirley Zussman, nacida en 1914, fue discípula de Masters y Johnson, y ¡sigue en activo! Es terapeuta en Nueva York. Sus 50 años de labor terapéutica con parejas, le permiten contarnos las «principales lecciones» sobre sexualidad, relaciones y amor. A continuación compartirmos un texto publicado originalmente en un periódico online.

«Después de de pasar toda una (larga) vida, atendiendo a personas con problemas sexuales, y aprendido de los más grandes terapeutas de nuestro tiempo, las lecciones son:

1. El sexo no es sólo el coito
“Las parejas de hoy en día suelen tener el mismo problema”, asegura Zussman en NYP. “Existe una necesidad de éxito en las relaciones sexuales, de la forma en que se entiende el éxito en el trabajo o los estudios. El sexo se ha convertido en una competición. Tienes que ser bueno en la cama. Esta necesidad provoca tensión y ansiedad, y no nos deja sentir. La gente ve el sexo como un coito no como una amplia gama de experiencias. La gente orienta el sexo a la consecución de un objetivo”.

2. Para ser un buen amante hay que ser buen compañero
En opinión de Zussman, la mayor aportación de sus maestros Masters y Johnson al mundo de las relaciones humanas fue la idea de que lo más importante para que funcione el sexo en una pareja es la complicidad y el cariño entre la misma. “Ellos comprendieron que el sexo no es todo placer y glamour. Lo más importante es aprender a ser un buen compañero. La importancia de la comunicación fue una de sus mayores contribuciones, pero no sólo se referían a la charla, también a las caricias, los mimos, los besos…”

3. El trabajo está dañando nuestra vida sexual
La doctora cree que uno de los principales cambios que ha experimentado nuestra sociedad es el relativo al uso del tiempo. “La gente está ocupada todo el tiempo”, asegura en Time. “Esto no era así cuando yo crecí”. En opinión de la doctora, la actual organización del trabajo daña irremediablemente nuestra vida sexual. “Existe un límite en la cantidad de energía, deseo y tiempo que puedes darle a una persona cuando estás presionado para ganar más dinero, convertirte en CEO y comprar una casa de verano. La gente quiere más y más, pero el deseo requiere energía”.

“El problema más común que veo en la consulta es la falta de deseo, de interés”, asegura Zussman. “Tuve un paciente que me dijo, “quiero a mi marido y me encanta hacer el amor con él, pero cuando llego a casa de trabajar y he estado rodeada de gente todo el día, lo único que quiero es dormir”.

4. La trivialización del cuerpo de la mujer es cada vez mayor
“Siempre he creído que el sexo está fuertemente influenciado por la cultura”, asegura Zussman en la entrevista que concedió al NYP. La directora de su tesis en la Universidad de Columbia no fue otra que la antropóloga Margaret Mead, autora del seminal libro Adolescencia, sexo y cultura en Samoa, y de ella aprendió como las constricciones sociales son las que determinan, en última instancia, las prácticas sexuales. “Hoy en día siento que la mujer está siendo convertida en un objeto sexual. Hablamos de la libertad sexual, pero nuestros cuerpos están siendo usados para todo tipo de propósitos comerciales”, asegura la doctora.

5. El porno no tiene nada de malo, si no nos excedemos
“No hay nada nuevo en la pornografía”, asegura Zussman en Time. “Ha estado aquí desde la prehistoria. Creo que es saludable que la gente tenga la habilidad y la libertad de fantasear”. Dicho esto, la doctora cree que la omnipresencia de la pornografía online está causando muchos problemas entre los hombres. “Tengo bastantes pacientes que se sientan en el ordenador a ver pornografía y han perdido el interés por buscar pareja. Veo a muchísimos solteros que no hacen el esfuerzo de conocer a gente para no enfrentarse al posible rechazo y prefieren satisfacer sus necesidades sexuales masturbándose frente al ordenador”.

6. Las nuevas tecnologías han dañado las relaciones humanas
Aunque Zussman es una mujer muy avanzada para su edad, cree, como la mayoría de sus contemporáneos, que las nuevas tecnologías han dañado las relaciones interpersonales: “Estoy anonadada al ver la falta de conexión entre personas por culpa de los iPhone. Hay mucho menos contacto físico. Hay menos tocamientos, menos conversaciones, menos abrazos, menos miradas… La gente siente placer mirando a otras personas, sonriéndolas, tocándolas… Necesitamos tocar para sentirnos queridos. Este es el principal problema de la generación actual. No entiendo por qué la gente no echa eso en falta”.

7. El sexo no lo es todo
Como sexóloga, Zussman está convencida de la importancia del sexo en nuestra relaciones, pero cree que si algo nos ha enseñado la revolución sexual que ha vivido la sociedad desde los 60 hasta nuestro días es que, sin amor e intimidad, el sexo pierde su gracia: “A la larga, el placer sexual es sólo una parte de lo que hombres y mujeres buscan entre ellos. Quieren intimidad, cercanía, entendimiento, diversión, y alguien que realmente se preocupe por ellos, no sólo en la cama”.

Fuente El confidencial.com

Pic imagen de Shirley Zussman en su despacho, en un documental de Time

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Hablando de sexualidad…. ¿Por dónde empezamos?

amor-no-es-genital“Mi madre es una profesional de la música y la metáfora musical me ha ayudado a explicar la sexualidad a numerosos públicos. Abra un libro de texto sobre la sexualidad humana y nueve de cada diez veces comenzará con un capítulo sobre anatomía y fisiología. Esta iniciación dispone la escena para el supuesto de que es preciso entender «la base biológica», según se denomina a menudo, antes de poder examinar cualquier otra cosa, como lo que la gente pretende, lo que experimenta, de qué manera adquiere sus ideas acerca de lo que debería ser el sexo, etc.

La biología presentada en estos textos está además consagrada a la anatomía y la fisiología de los órganos genitales, nunca a los receptores táctiles de la mejilla o de los labios o a la fisiología de las preferencias aromáticas. Descubrirá la fisiología de la excitación pero no la del placer; de la acción pero no la de la fantasía. En consecuencia, lo que se presenta como fundamental es sólo un cierto tipo de biología.

Abra, por contraste, un libro de texto de música y no encontrará capítulos sobre los huesos, los nervios, los vasos sanguíneos y los músculos de los dedos (para tocar el piano), de las manos (para tocar los platillos o el violonchelo) y ni siquiera de la boca o de la garganta (para tocar la flauta o para cantar). ¿Y qué decir de la fisiología del oído o del sentido del ritmo? ¿Por qué no empezar la música con la biología? ¿Acaso no es tan fundamental para aquélla como para la sexualidad?

Lo es y no lo es. Depende de lo que se conciba como fundamental. Si usted entiende que la música necesita de la fisiología humana para lograrla y experimentarla, resulta en buena parte cierto ¡Pero me parecería inadmisible que considerase que el aspecto fisiológico era el más humano, el más complejo, el más interesante o el más importante en lo que se refiere a la experiencia de la música! Al privilegiar a la biología en el discurso de la sexualidad, y reducir frecuentemente ésta a lo biológico, creo que ponemos el carro delante de los bueyes, como sugiere la analogía musical. Y al privilegiar a la fisiología genital sobre cualquier otro aspecto de la experiencia corporal, las investigaciones y los textos sexológicos tornan nuevas opciones y, en mi opinión, cometen otros errores”.

Texto extraío de «El sexo no es un acto natural y otros ensayos» (Leonore Tiefer)

Entonces, hablando de Sexualidad, ¿por dónde empezamos? Para responder a ésto, te invito a conocer algunos Recursos educativos, publicaciones accesibles online, recursos para la educación sexual, educación emocional, coeducación, educación para el buen trato…

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Formación en Drogodependencias (Asturias)

formacion-drogodependencias-asturiasDesde el Centro Terapéutico R.E.D (Mieres), en el que colaboro como psicóloga y sexóloga terapeuta,  ponemos en marcha un PROGRAMA DE FORMACIÓN, con el fin de poner nuestra experiencia en el ámbito de las adicciones al alcance de aquellas personas que deseen conocer o ampliar sus conocimientos sobre esta problemática. Puedes leer sobre nuestra trayectoria y nuestro trabajo aquí.

OBJETIVOS. El Programa persigue dos grandes objetivos: DOTAR a los alumnos y alumnas de los conocimientos teóricos que les permitan comprender de manera profunda la problemática de las Drogodependencias, y FACILITAR una metodología de trabajo dinámico y basado en la experiencia profesional de las formadoras que imparten este curso.

PROGRAMA

Aquí puedes descargar el PDF con el tríptico

  • Seminario 1.Intervención Psicoterapéutica en Drogodependencias

– Recorrido histórico. Conceptos básicos. Clasificación general
– Perfil actual de la persona con problemas de drogas
– Intervención individual
– Inserción grupal
– Intervención familiar

Fechas y horarios: 5 al 7 de junio. Viernes: 16:00h a 20:00h. Sábados: 10:00h a 14:00h- 16:00h. a 20:00h. Domingos: 10:00h a 14:00h.

  • Seminario 2. Inserción Socio-laboral y Asistencia Jurídica en personas con problemas de drogas

– Necesidades humanas básicas
– Aspectos específicos de las personas con problemas de drogas
– Inserción social
– Inserción laboral
– Asistencia a personas con problemas jurídicopenales

Fechas y horarios: 26 al 28 de junio. Viernes: 16:00h a 20:00h. Sábados: 10:00h a 14:00h- 16:00h. a 20:00h. Domingos: 10:00h a 14:00h.

  • Seminario 3. Familia y Drogodependencias

– Familias: Ciclo vital de la familia. Funcionamiento de la familia. Codependencia
– Intervención psicoterapéutica: Papel de la familia en el tratamiento. Terapia familiar en
drogodependencias. Terapia de parejas
– Intervención social en familias con problemas de drogas y menores a cargo

Fechas y horarios: 11 al 13 de septiembre. Viernes: 16:00h a 20:00h. Sábados: 10:00h a 14:00h- 16:00h. a 20:00h. Domingos: 10:00h a 14:00h.

  • Seminario 4. Mujer y Drogodependencias

– Perfil de la mujer drogodependiente
– Sexualidad de la mujer con drogodependencias
– Abordaje terapéutico en la mujer drogodependiente
– Perspectiva de género

Fechas y horarios: 16 al 18 de octubre. Viernes: 16:00h a 20:00h. Sábados: 10:00h a 14:00h- 16:00h. a 20:00h. Domingos: 10:00h a 14:00h.

  • Seminario 5. Mujer Drogodependiente y Víctima de violencia de género

– Violencia de género: tipos de conductas violentas. Causas de la violencia. Mitos y estereotipos. Síndrome de la mujer maltratada
– El ciclo de la violencia. Tipos de agresores
– Mujer drogodependiente y víctima de violencia de género: protocolo de actuación              – Intervención terapéutica. Dificultades actuales

Fechas y horarios: 13 al 15 de noviembre. Viernes: 16:00h a 20:00h. Sábados: 10:00h a 14:00h- 16:00h. a 20:00h. Domingos: 10:00h a 14:00h.

METODOLOGÍA. Se llevarán cabo exposiciones teóricas de los diferentes contenidos a través de, experiencias y casos, con un marcado carácter práctico. Se explicará a los alumnos toda una metodología de trabajo terapéutico desde una intervención bio-psico-social en drogodependencias.

DESTINATARIOS. Profesionales, técnicos, voluntarios o colaboradores que trabajen o tengan interés en el ámbito de las drogodependencias en particular, o en el Tercer Sector de acción social, en general.

DURACIÓN Y CERTIFICACIÓN

  • Cada seminario tendrá una duración de 16 horas de formación. Tras su finalización, se entregará el Certificado de  participación correspondiente acreditado por UNAD y Centro Terapéutico R.E.D.
  • Aquellas personas que realicen TODOS los seminarios, recibirán una certificación de haber realizado el CURSO DE INTERVENCIÓN INTEGRAL EN DROGODEPENDENCIAS con un total de 80 horas de duración.

EQUIPO DE FORMACIÓN

Elisabeth Ortega Suárez. Psicóloga colegiada O-1745 y psicóloga asociada PMA-00048. Directora del Centro Terapéutico R.E.D. Especialista en Intervención en Drogodependencias  y Experto en Intervención psicológica con víctimas de Violencia de Género. Coordinadora del Programa de Formación R.E.D.

Lucía Fernández Bermúdez. Trabajadora Social colegiada 1541. Trabajadora Social del Centro Terapéutico R.E.D. Especialista en Intervención y Actuación Social en Drogodependencias, así como en Prevención, detección y atención a mujeres drogodependientes.

Ángela Kethor Soto Guerra. Psicóloga colegiada O-2631 y Sexóloga (A.E.P.S. nº473). Terapeuta en Centro Terapéutico R.E.D. Especialista en Perspectiva de Género. Directora de vidassexuadas.com

Carla López Núñez. Psicóloga colegiada O-02341. Máster Universitario de Investigación en Psicología Clínica y de la Salud. Terapeuta en Centro Terapéutico R.E.D. Miembro de la Unidad Clínica de Conductas Adictivas (UCCA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Oviedo.

INSCRIPCIÓN. Precio por Seminario 120E. Forma de pago:

  • Transferencia bancaria a CAJASTUR: IBAN ES64 2048 0070 31 3400028632, haciendo constar en concepto (1) nº del Seminario y (2) nombre completo.
  • Enviar por e-mail, o correo ordinario, copia del certificado de pago y datos personales (nombre completo, D.N.I., profesión, nº seminario inscrito)

INFORMACIÓN Y LUGAR DE CELEBRACIÓN. Centro Terapéutico R.E.D. C/Manuel Llaneza, nº25, 3º, CP33600, Mieres, Asturias. Tfno/Fax: 985468416. // e-mail: formacioncentrored@gmail.com

Esperamos que sea de tu interés. Agradecemos difusión a personas o entidades que creáis puedan estar interesadas. Aquí puedes descargar el PDF con el tríptico.

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Cómo educar en el amor al cuerpo

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No hables con tu hija sobre tu cuerpo es un texto de autoría desconocida. Está dirigido a madres en la educación emocional, sexual, corporal… de sus hijas. Podemos extraer las mismas reflexiones y recomendaciones pedagógicas aplicables para padres, y para hijos.

«No hables con tu hija sobre su cuerpo, salvo para enseñarle cómo funciona. No le digas nada si ha perdido peso. No le digas nada si ha subido de peso. Si crees que el cuerpo de tu hija se ve genial, no lo digas. He aquí algunas cosas que puedes decirle en su lugar:
“¡Te ves muy saludable!”, es una muy buena opción.

¿O qué tal: “Te ves muy fuerte”? O: “Se nota que eres feliz : brillas”. Mejor aún: halaga algo en ella que no tenga nada que ver con su cuerpo.

Tampoco hagas comentarios sobre el cuerpo de otras mujeres. No. Ni uno solo; ni positivo ni negativo. Enséñale a ser amable con los otros, pero también a ser amable consigo misma.

No te atrevas a hablar sobre cuánto odias tu cuerpo frente a tu hija, o a hablar sobre tu nueva dieta. Mejor aún, no hagas dieta frente a tu hija. Compra comida saludable. Prepara comidas saludables. Pero, no digas “por ahora no estoy comiendo carbohidratos”. Tu hija no debe de pensar que los carbohidratos son malos, porque sentir vergüenza por lo que comes solo se traduce en sentir vergüenza de ti misma.

Anima a tu hija a correr porque eso la hace sentirse menos estresada. Anímala a subir montañas porque no hay ningún lugar mejor para explorar su espiritualidad que la cima del universo. Anímala a surfear, a escalar paredes o a andar en bicicleta de montaña porque la atemoriza, y eso a veces es algo bueno.
Ayuda a tu hija a amar el fútbol, a remar o el hockey, porque los deportes hacen de ella una mejor líder y una mujer más segura de sí misma. Explícale que no importa qué edad tenga, nunca dejará de necesitar saber jugar bien en equipo. Nunca le hagas jugar o practicar un deporte que no adore por completo.
Demuéstrale que las mujeres no necesitan de un hombre para mover muebles. Enséñale a cocinar. Herédale la receta de tu mamá de ese pastel de café de Navidad. Herédale tu amor por pasar tiempo al aire libre.

Quizá tú y tu hija tengan muslos gruesos o una caja torácica ancha. Es fácil odiar estas partes del cuerpo tan lejos de la talla cero. No lo hagas. Dile a tu hija que, si quiere, con sus piernas puede correr un maratón, y que su tórax no es otra cosa que un buen estuche para cargar unos pulmones fuertes. Puede gritar, puede cantar y puede levantar el mundo, si quiere.

*Recuérdale a tu hija y a tu hijo que lo mejor que puede hacer con su cuerpo es usarlo para mover su hermosa alma.»

Pic de la serie de fotografías Strong is the new pretty, de la fotógrafa Kate T. Parker

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Estar desnuda, estar desnudo

«Es fácil quitarse la ropa y tener relaciones, la gente lo hace todo el tiempo. Pero abrirle tu alma a alguien, dejarlo entrar en tu espíritu, pensamientos, miedos, futuro, esperanzas, sueños… Eso es estar desnudo» (Autor desconocido)

alem-do-afeto-1vidassexuadasalem-do-afeto-2-vidassexuadasalem-do-afeto-3-vidassexuadasalem-do-afeto-4-vidassexuadasalem-do-afeto-5-vidassexuadasalem-do-afeto-6-vidassexuadas   Imágenes del proyecto Afecto, del colectivo de arte político-poético Alem. Puedes ver el resto de imágenes de Afecto aquí.

«La afectividad implica tocar y ser tocado en el ámbito sntimental, y es a partir de ese universo de emciones que envuelven la vida que esos ensayos se despliegan. En esa perspectiva, las fotos reflejan la relación de uno al otro: pareja, trio, poli, amistad, família, embarazo… Lo importante es querer registrar momentos verdaderamente íntimos y llenos de cariño entre los que hacen parte de nuestras vidas» (Traducción libre realizada por Vidas Sexuadas).

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¿Masturbarse o Digiturbarse?

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La etimología puede aportarnos algunas claves sobre la consideración cultural del clítoris, órgano femenino del placer. Los lingüistas no se ponen de acuerdo sobre si este término de origen griego –kleitoris– está emparentado con la familia semántica de colina –podría significar algo así como ‘montículo’– o con la de llave. Lo que sí sabemos es que los antiguos helenos lo llamaban así, y que además tenían una palabra específica para designar la estimulación de esa zona: kleitoriazein.

El lenguaje sexual heredado del modelo que convierte lo femenino en subsidiario de lo masculino usa el verbo de origen latino masturbarse, que puede significar tanto turbarse con la mano como violentarse con la mano, en función del criterio moral del lingüista. De cualquier modo, lo que es útil para estimular un pene no sirve para un clítoris: en este caso, sería más apropiado emplear, por ejemplo, digiturbarse. Esa carencia léxica no la tenían, como hemos dicho, los griegos.

-Texto de la escritora y sexóloga Valerie Tasso

Pic de Zeynep Beler

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El poder de la vulnerabilidad

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«Ama a alguien y seguramente tu corazón resulte dañado, y posiblemente roto.
Si quieres asegurarte de mantener tu corazón intacto, no debes entregarle tu corazón a nadie, envuélvelo cuidadosamente junto a todas las cosas que te importan. Guardalo bajo llave en el joyero o cajón secreto. Así evitarás todos los líos…
Pero en ese cajón, seguro, oscuro, sin vida… el corazón cambiará. No se romperá, será irrompible, impenetrable, irreconocible, irrecuperable… Amar de verdad es ser vulnerable.
(C.S Lewis)

Brené Brown,  profesora investigadora en la Universidad de Houston, se suele definir como historias. En su apasionante conferencia TED (con subtítulos en castellano) nos habla de nuestra naturaleza vulnerable y la necesidad aceptarnos como seres vulnerables e interdependientes, dignos de ser amados a pesar de nuestras imperfecciones. Una vulnerabilidad fuente de amor, pertenencia, felicidad… y vida, a la que ha dedicado más de una década de investigaciones, que ha plasmado en su libro «El poder de la vulnerabilidad».

«He descubierto, que tenemos que dejarnos ver, que nos vean vulnerables. Hay que amar con todo el corazón aunque no haya garantías… Ejercer la gratitud y la dicha en esos momentos de terror cuando nos preguntamos «¿Puedo amarte tanto? ¿Puedo creer en esto tan apasionadamente? ¿Puedo enojarme tanto por esto?» Me puedo detener y en lugar de ser catastrófico decir: «Simplemente estoy muy agradecido». «Porque estoy vivo, porque sentirse vulnerable significa que estas vivo». Y por último, creo que es más importante creer que somos suficientes. Porque cuando funcionamos desde la perspectiva «Soy suficiente» entonces dejamos de gritar y empezamos a escuchar. Somos más amables con las personas que nos rodean y más amables y considerados con nosotros mismos.» Brene Brown.

Puedes ver más vídeos en la Videoteca de Vidas Sexuadas.

 Pic de Gaving Aung, versión extensa del cómic.

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