El amor no es un sentimiento

corazon-vidassexuadas

«La gente piensa que amar es sencillo que lo difícil es encontrar un objeto a quien amar. Pensamos que no tenemos nada que aprender sobre el amor, una cosa es enamorarse y otra la situación permanente de estar enamorado. El amor, como el vivir, es un arte.”

¿Es el amor un arte? En tal caso, requiere conocimiento y esfuerzo. ¿O es el amor una sensación placentera, cuya experiencia es una cuestión de azar, algo con lo que uno “tropieza” si tiene suerte? La mayoría de la gente cree esto último, piensa que amar es sencillo, que lo difícil es encontrar un objeto a quien amar, lograr que se les ame. Esa actitud sobre el amor sigue siendo la idea prevaleciente, por lo que no existe ninguna otra actividad que se inicie con tan tremendas esperanzas y expectativas y que fracase tan a menudo como el amor. El primer paso a dar es tomar conciencia de que el amor, como el vivir, es un arte.

El amor es una actividad, no un afecto pasivo; es un “estar continuado”, no un “súbito arranque”. Amar es fundamentalmente dar, no recibir. Dar produce más felicidad que recibir, no porque sea una privación, sino porque en el acto de dar está la expresión de mi vitalidad. No es rico el que tiene mucho, sino el que da mucho. Además del elemento de dar, el carácter activo del amor se vuelve evidente en el hecho de que implica ciertos elementos básicos, comunes a todas las formas de amor: cuidado, responsabilidad, respeto y conocimiento. El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de lo que amamos.

El amor no es necesariamente una relación con una persona específica; es una actitud, una orientación del carácter que determina el tipo de relación de una persona con el mundo como totalidad, no con un “objeto” amoroso. La clave más fundamental de amar es el amor fraternal, el amor a todos los seres humanos.

Hablar del amor no es “predicar”, por la sencilla razón de que significa hablar de la necesidad fundamental y real de todo ser humano.»
Texto extraído de «El arte de amar» (Erich Fromm)

Pic ilustración de Travis Bedel

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

¿Masturbarse o Digiturbarse?

autoerotismo

La etimología puede aportarnos algunas claves sobre la consideración cultural del clítoris, órgano femenino del placer. Los lingüistas no se ponen de acuerdo sobre si este término de origen griego –kleitoris– está emparentado con la familia semántica de colina –podría significar algo así como ‘montículo’– o con la de llave. Lo que sí sabemos es que los antiguos helenos lo llamaban así, y que además tenían una palabra específica para designar la estimulación de esa zona: kleitoriazein.

El lenguaje sexual heredado del modelo que convierte lo femenino en subsidiario de lo masculino usa el verbo de origen latino masturbarse, que puede significar tanto turbarse con la mano como violentarse con la mano, en función del criterio moral del lingüista. De cualquier modo, lo que es útil para estimular un pene no sirve para un clítoris: en este caso, sería más apropiado emplear, por ejemplo, digiturbarse. Esa carencia léxica no la tenían, como hemos dicho, los griegos.

-Texto de la escritora y sexóloga Valerie Tasso

Pic de Zeynep Beler

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

Buscando el amor

buscar-el-amor-vidassexuadas

«Me preocupa la gente que dice que anda buscando el amor, como si el amor ya estuviera por ahí listo y terminado. Como si existiera un amor enlatado, un producto diseñado que eliges en algún escaparate. Se han creído el cuento del amor prefabricado que nos venden en las películas de domingo en la noche o que nos cantan en la radio. Uno no busca el amor, uno lo construye»

(Autor/a del texto desconocido/a, ídem la imágen)

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

Mujeres desnudas

mujeres-desnudas-elvira-lindowebPor Elvira Lindo

Escribir es mirar, o la excusa para mirar. Todos aquellos que vivimos del cuento deberíamos mirar hasta que nos dolieran los ojos. Yo justifico mi entrometida curiosidad diciéndome a mí misma que lo hago por ustedes. Por contárselo a ustedes, por ejemplo, me entrego sin reservas a la observación de los cuerpos femeninos en los vestuarios del gimnasio.

En España los cuerpos de las mujeres ofrecen una monótona diversidad, nos parecemos mucho. Aquí, en Nueva York, el abanico de la desnudez es una fiesta. Aquí he aprendido a mirar sin que se note. Estudio, por ejemplo, los cuerpos de las negras. No hablo del estereotipo de la negra obesa, no, mis negras, las que ven mis ojos cada semana, son fastuosas. Una de ellas, la más joven, se aplica crema en el pecho mirándose al espejo: su carne es tan prieta que parece que está untando cera en una figurita de ébano. No hay pudor, casi nadie lo tiene. Mi joven negra lleva un tanga que le deja al aire un culo que se curva hacia arriba de tal manera que uno podría dejar encima una taza de café. Hay otra negra en el espejo contiguo, tiene una toalla enrollada en el pelo como si fuera un turbante, no sé si es consciente de que es una diosa, pero se comporta como tal. Se pinta los labios de rojo y sonríe al espejo para limpiarse el carmín que le ha manchado en los dientes. Tiene cuarenta y tantos, es michelleobamesca: posee una fortaleza que le permitiría hacer cualquier trabajo manual sin perder su majestad. En el marrón acanelado de su piel está escrito algo fundamental de su genética, un antepasado suyo fue blanco. Se trata del gran tabú americano: los blancos y los negros están mucho más mezclados de lo que pueda parecer a primera vista. Esa mezcla encierra un pasado de violaciones y abusos, algo que avergüenza a los blancos y tortura a los negros; también de apasionadas historias de amor, algo que avergüenza a los negros.

Mujeres en el baño. No es extraño que tantos pintores eligieran ese momento para retratar a sus esposas: Bonnard, Rubens, Hopper, Sorolla, todos ellos se valieron de la complicidad amorosa para penetrar en el momento más íntimo del día. No es comparable la sensualidad de ese momento robado a una mujer normal que el artificio de una modelo que posa para la cámara de un fotógrafo.

¡Cuánto disfrutaría un fotógrafo o un pintor si pudiera moverse invisible entre todas estas mujeres despojadas de los adjetivos que proporciona la ropa! Cuánto disfrutaría cualquier amante de las mujeres si pudiera estudiar el cuerpo humano en todas las edades de la vida. A mi lado, una anciana enjuta se ha sentado para ponerse las medias. Su abdomen se arruga en pliegues muy pequeños, como si fuera un acordeón y la ausencia de carne la hace parecer muy frágil, algo temblorosa, una vulnerabilidad que se esfuma en cuanto se mete dentro de un traje de chaqueta y sale por la puerta con aires de señora elegante. Las abuelas gordas, en cambio, se mueven hacia la ducha con andares de generalotas, están en ese momento de la vida en que el cuerpo de la mujer se agallina y se convierte en un abdomen total sostenido por dos patillas delgadas. Estas señoras hablan entre ellas con las tetas al aire, algo que cohíbe a las jovencillas que se preguntan cómo alguien muestra su cuerpo en decadencia sin avergonzarse. En su cabeza no cabe que lo que ven es lo que ellas mismas serán. Las chinas son un capítulo aparte; si no fuera por el pecho parecerían niñas, todas proyectan un aire escolar. Tienen una inclinación obsesiva hacia los sujetadores de encaje lo cual les confiere una imagen de inocencia pervertida. Los hombres americanos sueñan con una asiática dócil que les mime, no saben que muchas de esas chinas llevan ya una americana expeditiva en el cerebro. Hay mujeres que dan pena. A mi lado solía vestirse una mujer enferma. Un saco de huesos con una pequeña barriga hinchada, como las de los niños hambrientos de las campañas del hambre. Una vez me dijo: «Su perfume… Me trae recuerdos…». Creí que se iba a echar a llorar o que iba a derrumbarse. Me he mudado de casilla por miedo a que me denuncie por un perfume demasiado evocador. Ahora me arreglo al lado de una americana tetona; las americanas tetonas abundan y encajan en un país obsesionado con las tetas. La piel de mi tetona es tan blanca que parece que sólo se alimentó de leche; los pezones, tan rosas, que se confunden con el resto del pecho. Es como una gran cerda, me gustaría amasarla. Mujeres desnudas. Se embadurnan de crema, se suben el pecho con el sujetador, se pintan, se arreglan el pelo, se calzan tacones y se lanzan a la calle. La ropa las hace ejecutivas, modernas, cursis, estudiantas, profesorales, amas de casa o señoronas, pero antes, unos minutos antes, han sido tan sólo mujeres desnudas. Y yo entre ellas, aunque este trabajo me permita ser la intrusa que observa. Fuera, en la calle, serán bondadosas o mezquinas, pero la delicada concentración con que se entregan a su arreglo personal me produce una inexplicable emoción, me hace acordarme de esa frase de Mark Twain en su discurso The Ladies: «Las fases de la naturaleza femenina son infinitas en su variedad. Toma cualquier tipo de mujer y encontrarás en ella algo que respetar, algo que admirar, algo que amar».

Texto de la escritora Elvira Lindo

Pic de  la fotógrafa Janine Baechle

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

Sirenas

sara-fratini-vidassexuadas

Las sirenas surgen de las profundidades serenas

anhelando jaleo y diversión,

arrivan a la superficie de olas resacosas,

brindan con la espuma

y juguetean con sus colas…

y de colofón, unos besos salados y frescos y suaves

y… cánticos de amor.

-Poemario ErotizArte- de Ángela Kethor

 Pic de Sara Fratini

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

 

La fidelidad

pareja
-La fidelidad es un valor demasiado grande para que quepa en el poco espacio que hay entre las piernas-

Texto de Joserra Landarroitajauregui, sexólogo.

El término proviene del latín «Fides» (fe), así que tiene un sentido religioso; de hecho, Fidelitas fue diosa romana. Está relacionado con «creer», «confiar» y «cumplir la promesa»; pero sobre todo, con seguir a Dios, entregarse a él y seguir sus preceptos; por eso, fieles son los creyentes. En aquella Antigüedad, la Fides era asunto central de la dignidad y la credibilidad del ciudadano. Así pues este hilo etimológico y epistemológico nos conecta con: creer, hacerse creer y ser creíble.

La fidelidad no queda demasiado lejos de otro valor: la lealtad; así pues, se relaciona con: no cambiar de chaqueta, no engañar, no traicionar; o sea, «no fallar». En algún momento de la historia -y obra del puritanismo- va mudando su significado: desde aquel «no fallar al otro» a este «no follar con otro». De este modo, la infidelidad se fue convirtiendo en adulterio; y viceversa. Así, cuando hoy decimos fidelidad solemos referirnos a «exclusividad» erótica; incluso, genital. Pero la fidelidad es valor demasiado grande para que quepa en el poco espacio que hay entre las piernas.

Esta «exclusividad erótica», tornada en prescripción universal, se constituye con cuatro componentes:

1) un dispositivo de control sexual puritano productor de difamación y exclusión ;

2) un mecanismo moral reductor del daño (tanto intradiádico como extradiádico);

3) una renuncia agápica (me entrego -en exclusividad- desde mi soberanía de poder darme);

4) una promesa garantista (me contengo para evitar riesgos a nuestra continuidad relacional).

A través de estos cuatro componentes se produce y se regula tal exclusividad. Ahora sí, los dos primeros son regulaciones «desde fuera» del contrato amoroso, mientras que los dos segundos son pactos o promesas «desde dentro» del mismo.

Los encuentros amorosos extradiádicos son mucho más frecuentes de lo que puede imaginarse y con frecuencia son causa de crisis o ruptura de relaciones amorosas constituidas. Sin embargo, muchas relaciones sobreviven (incluso crecen y se enriquecen) después de una experiencia de este tipo. Aunque es frecuente que, de aquellas dolorosas heridas, queden profundas cicatrices. Muchas infidelidades, por efímeras y desconocidas, son del todo irrelevantes e inocuas para el cornudo y pueden ser nutritivas y estimulantes para el infiel. De hecho, la infidelidad no produce «dolor propio» (en su caso, culpa), pero sí suele producir intenso «dolor ajeno». Ahora si, sólo produce daño la infidelidad «sabida» y la infidelidad «temida». Por lo que, debería evitarse todo aquello que propicie tal dolor (así: confesiones, desvelamientos, denuncias, sincericidios,…).

 Las parejas juegan a este juego siguiendo cinco reglas:

  • Regla 0. Constituida la pareja (con unos u otros grados de formalidad) se instituye un monopolio de prestación de servicios eróticos con un único y exclusivo servidor.

  • Regla 1. Condúcete cumpliendo la regla cero y confía en el cumplimiento ajeno

  • Regla 2. (Sólo si se produce error u omisión en la regla uno). Actúa como sí estuvieses cumpliendo la regla 1.

  • Regla 3. (Sólo si se produce error u omisión en la regla dos). Niégalo todo.

  • Regla 4. (Sólo si se produce error u omisión en la regla tres). Intenta salvar lo que pueda salvarse.

Los cambios en costumbres (nótese que la mayor parte de las infidelidades ocurren en torno al trabajo), las transformaciones morales y las novedades tecnológicas han producido cambios en la definición y la gestión de esta exclusividad erótica. Así, usos que otrora fueron infidelidad (roces, cercanías, acompañamientos, confidencias,…) pueden no vivirse como tales (o sí). Así mismo, emergen nuevas formas virtuales en las cuales no hay contacto epidérmico alguno.

De todos estos equívocos resulta una paradoja típicamente maniquea: propender hacia lo positivo negando lo negativo; o sea, soy fiel, no siendo infiel. De ese modo convertimos un valor encomiable en negación, colonización y vigilancia (sobre todo, genital). Y lo que habría de servir a la fe, la seguridad y la confianza, se torna en promotor de inseguridad, fiscalización y descrédito.

Una idea final. El «mercadeo» denomina fidelizar a las estrategias conducentes a que el cliente vuelva y, sobre todo, que no compre a otro. De ello pueden emerger dos aspectos interesantes para las parejas: a) la aceptación positiva de ciertas formas de competencia y b) el salto del «control del otro» a la mejora de la «propia oferta».

Fuente del texto: Blog del ISESUS Instituto de Sexología Sustantiva

Puedes ver a Joserra Landarroitajauregui hablando sobre este tema en un Debate sobre la Fidelidad (programa Para todos la 2)

«En las últimas décadas el concepto de fidelidad ha sido muy debatido. Lo cierto, es que fidelidad es un concepto que se refiere y abarca una realidad muy amplia; podemos aplicarlo cuando hablamos de la lealtad o de la voluntad de cumplir una promesa, aunque también nos la podemos aplicar a nosotros mismos: ¿Somos fieles a nuestros principios? ¿Qué es en realidad la fidelidad? ¿Cuesta ser fiel?”

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

La trampa de la fidelidad

soñadores-bertolucci-promiscuidad-deseo-vidassexuadas

-La pareja estable frente a la natural promiscuidad del deseo erótico-

Texto de Ana Fernández Alonso (sexóloga)

El deseo es promiscuo. Puedo hacer esta afirmación después de muchos años de conocer, tratar y analizar parejas de todo tipo: jóvenes, adultas, maduras, muy mayores, homosexuales, heterosexuales. Tanto en la consulta sexológica como en la vida cotidiana. Cualquiera puede encontrar ejemplos de que el deseo erótico no se agota en la pareja, ni se limita a ella.

Nos encontramos en un momento en el que empiezan a ser negocio las entidades que te ofrecen la posibilidad de ser “infiel” o de tener una aventura, en un marco de discreción que no ponga en riesgo tu relación de pareja.  De forma que esta idea de la promiscuidad de nuestro deseo, está empezando abrirse paso, pidiendo ser legitimada socialmente. Pero esta realidad no es una moda, como puede parecer, ni se trata de que los tiempos estén cambiando. Si retrocedo hasta hace unos treinta años, puedo recordar infinidad de conversaciones que sustentan esta idea, en el marco de una peluquería de señoras en la cual pasé muchas tardes de mi infancia y adolescencia. Valga el ejemplo de una mujer de mediana edad, que afirmaba por entonces, refiriéndose a un cantante de moda: “Pues yo por mi marido no lo cambiaba, pero si me lo dejan para un fin de semana…”

 En el marco de la atención sexológica es claro que este deseo promiscuo está presente. Te acercas a parejas de todo tipo que se enredan con los conceptos de amor, deseo, fidelidad, traición, exclusividad. Son enredos que giran casi siempre entorno a prejuicios morales, mezclados con ideas preconcebidas (con frecuencia erróneas) de lo que significan cada uno de esos conceptos y con relaciones construidas en base a ideales románticos extraídos muchas veces de argumentos televisivos. Cuando en uno de los miembros aparece ese deseo, puede desencadenar reacciones pasionales, tomando como referencia la acepción de pasión que nos habla de sufrimiento. Y lo que va cambiando en las diferentes parejas es la manera de enfrentar y gestionar ese deseo.

 A todas las generaciones contemporáneas nos han educado con la idea de algún día encontraríamos a esa persona ideal con la cual compartiríamos nuestro amor, nuestro deseo, nuestra vida en común, proyectos de futuro, familia, etc. El modelo de pareja da igual, sea a través del matrimonio, del registro o de compartir piso. Incluso aun tratándose de parejas no convivientes.  Y dando por bueno que eso sea así y que lo que define a la pareja es el amor y el deseo… ¿Porque es necesario que ese amor esté legitimado por un deseo erótico exclusivo?

Recientemente, en el marco de un Curso de Verano de la Universidad de Oviedo, la compañera sexóloga Valèrie Mougeot nos decía que la prostitución, históricamente, había venido garantizando la estabilidad de la pareja porque servía para canalizar la natural promiscuidad del deseo masculino. Está claro que el deseo masculino, en tanto que promiscuo, ha sido explícitamente aceptado desde siempre por la sociedad.  No así el femenino, más ligado a la idea de que si no hay amor, no puede haber deseo.

Esta idea aún se sigue manejando y en nuestra sociedad hemos aceptado las diferentes formas masculinas de gestionar la promiscuidad de su deseo. Ya sea entendiendo como una característica de muchos varones el “miedo al compromiso”; o viendo como algo habitual y tolerable las infidelidades masculinas. O incluso valorando que explícitamente los hombres verbalicen su deseo, ya que cuanto más promiscuo, más refuerza el estereotipo erástico del constructo socialmente aceptado de la masculinidad.

Y paralelamente a esta realidad, cuando las mujeres se han involucrado en una historia de deseo hacia alguien que no es su pareja, ponen en cuestión sus sentimientos, su relación de pareja e incluso pueden acabar rompiendo esa relación, con todo lo que ello conlleva, simplemente por caer en la trampa de la exclusividad del deseo erótico. Trampa en la que también terminan cayendo los varones.

 Dicha trampa es la siguiente: Partimos de la idea de que el amor es ese sentimiento que tenemos en exclusiva y que nos define como pareja. Y es claro que en una pareja que se ama hay deseo erótico. Pero el lío viene cuando nos creemos que ese deseo ha de ser exclusivo y además estar condicionado por el amor; porque entonces, en el momento en que hay deseo hacia otra persona,  empiezan las dudas, los sentimientos de culpa, las confusiones entre lo que es amor (eso que nos legitima como pareja y que entendemos en exclusiva) y lo que solo es deseo. Y de esta forma la relación de pareja puede entrar en crisis y acabar en ruptura.

¿Qué sucede entonces? Cuando se rompe una pareja en estas circunstancias, porque uno de sus dos miembros apuesta por otra relación que de pronto le ha hecho sentir cosas que hacía tiempo que no sentía, le devuelve el morbo, las “ganas” que se habían quedado dormidas (tal vez por no alimentarlas), llegará un momento, como pasa en todas las relaciones, en que ese “síndrome del enamoramiento” desaparecerá. Y si lo único que ha movido esta nueva relación era el deseo, cuando el deseo pierda su intensidad, se apreciarán las carencias y la gran pérdida que puede haber supuesto romper con la relación anterior.

 Muchas mujeres acuden a la consulta de sexología con el autodiagnóstico de falta de deseo. En cuanto investigas un poco ves que el deseo hacia su pareja no ha desaparecido, solo ha cambiado. Pero la demanda es volver a sentir el mismo deseo que al principio de la relación, porque ven con preocupación que esa forma de deseo a veces se la desencadenan otras personas o situaciones al margen de su pareja.Y la pregunta que subyace es “¿Será que ya no le quiero?”

El deseo cambia y ahí no debemos engañarnos. El deseo erótico es nuestra respuesta ante ese estímulo que es el otro o la otra que nos atrae. Y lógicamente, cuanto más nos expongamos al estímulo, menos intensa será nuestra respuesta. (Por este camino van todas las propuestas de “romper con la monotonía, salir de la rutina” que se suelen aconsejar para alimentar el deseo en la pareja). Y en esta misma línea, un estímulo diferente, aun con menos carga erótica, puede hacernos reaccionar más intensamente que aquel otro al que nos hemos ido acostumbrando.

Se ha escrito mucho sobre el deseo en la pareja y los profesionales de la sexología sabemos canalizar todo tipo de demandas que tengan que ver con alimentar el morbo, la seducción, el cortejo, reconquistar a nuestra pareja, volver a excitarla como el primer día,  recuperar amantes adormecidos, resolver conflictos con nuestra respuesta sexual… En la pareja ¿Pero que sucede cuando el juego erótico trasciende a la pareja?

Tal vez el primer término a desterrar debiera ser el de fidelidad. Se trata de una palabra con demasiada carga moral y podría perfectamente sustituirse por el de lealtad. En una pareja estable, hay un compromiso, unas complicidades, unos proyectos en común, un entorno social y familiar. En estas circunstancias la palabra lealtad encaja perfectamente. Y muchas parejas van entendiendo que conviven mejor con este concepto.

 Posiblemente ha llegado el momento de que nos paremos a reflexionar, sobre todo quienes nos dedicamos a este complejo mundo de las relaciones sexuales (o sea, entre los sexos), que la natural promiscuidad del deseo erótico es una realidad, con la que debemos convivir. Que se da en la práctica generalidad de las parejas estables y que lo que cambia es simplemente la forma de afrontar la gestión de ese deseo. Desde quien opta por reprimirlo y lo relega al mundo de sus fantasías y su imaginario erótico, hasta quien lo asume y negocia con su pareja encuentros esporádicos con terceras personas, pasando por  las típicas aventuras extraconyugales no confesadas o simplemente no verbalizadas, por las parejas liberales que  juegan a los intercambios o a los juegos eróticos en grupo, por quienes recurren a servicios de prostitución a solas o en pareja y un largo etcétera de ejemplos y de situaciones de quienes, reconociendo su deseo promiscuo, deciden que su forma de gestionarlo no tiene porque poner en peligro la exclusividad de su amor y de su relación de pareja, a la que por supuesto valoran por encima de todo y a la que no desearían en absoluto renunciar.

 En resumen, tal vez sería buena idea tomar conciencia de que en nuestras consultas sexológicas vamos a tener que manejarnos cada vez más con esta idea del deseo promiscuo y de la gestión de esa promiscuidad. Porque muchas personas, de forma individual o en pareja, ya nos están empezando a hacer preguntas al respecto. Personas y parejas que están dispuestas a apostar por la estabilidad de su relación y de su amor y desean saber qué hacer con su deseo. Y nos van a escuchar, porque se dirigen a nosotros por la autoridad que nos confiere nuestra profesión sexológica. Y esta es una gran responsabilidad. Señoras y señores profesionales de la sexología, se admiten sugerencias.

Pic: escena de la película Soñadores de Bernardo Bertolucci

VidasSexuadas.com es una proyecto de Educación, Asesoramiento y Terapia

¿Quieres resolver dudas íntimas?
¿Tenéis dificultades de pareja?
¿Quieres mejorar tu vida sexual?

Atención Terapéutica. Consulta de Psicología, Sexología y Parejas en Oviedo, Gijón y Online, donde realizamos Psicoterapia, Terapia sexual y Terapia de pareja.

Educación y Formación. Conoce nuestra Oferta Formativa

A %d blogueros les gusta esto: